A veces algún atleta gracioso jugaba con los alfileres de cabezas de colores clavados en el mapamundi del cuarto de los fisios en el módulo del CAR y no había cosa que le enfadara más a Ángel Basas que le tocaran su orgullo de viajero, el mural en el que marcaba todos los países del mundo que había visitado, y eran muchos, y Adel Mechaal lo sabía, porque siempre que viajaba con la selección de atletismo a cualquier país era Basas, el responsable de fisioterapia del atletismo español y antiguo saltador de triple, el que le decía qué visitar, dónde hacer las compras, qué era lo más típico, el guía imprescindible. Y Mechaal, otro trotamundos, nacido en Marruecos, desde los dos años en Palamós, unos años en Madrid, en Estambul desde que conoció a Emine Hatun, su amor, hace cinco, estaba esperando justamente que llegara el Europeo de pista cubierta a la ciudad turca, a partir del jueves 2, hasta el domingo 5, para hacer de guía de Basas en la ciudad que tan bien conoce. Pero Basas no estará en Estambul para ayudarle a recuperar después de sus carreras, ni a él, ni al resto, 28 atletas del equipo español. Hace unos días, Basas murió en un accidente de coche junto a su hijo, Carlos, que también se había especializado en fisioterapia, en el país más lejano al que había viajado nunca, en Nueva Zelanda. Y Mechaal, tan sentimental siempre, le llora, como le lloran sus compañeros y todos los atletas, pues a todos les tocó los músculos y el corazón, y después de los baños de hielo les reconfortaba. Y Mechaal piensa en él como piensa en los familiares de Emine, fallecidos hace unas semanas en Antakya, la ciudad en la que se casó en septiembre, la ciudad destruida por el terremoto.

