Todavía no ha comenzado a rodar el balón y Qatar ya nos ha regalado la que, casi con toda seguridad, será recordada como la imagen más icónica del presente Mundial: los grotescos pasacalles de figurantes animando a selecciones que no son las suyas, salvo extrañísimas coincidencias y, por lo tanto, contadas excepciones. Nos queda el consuelo de saber que, al menos en esta ocasión, las barras argentinas no se molerán a palos con los hooligans ingleses, sencillamente porque ni los unos son tan hooligans ni las otras tan argentinas. Si acaso, se podría producir algún conato de violencia entre los propios comediantes, pero siempre por causas domésticas, a saber: vecinos del mismo bloque que se guarden rencores porque uno no recicla de manera óptima, o porque la hija del otro toca la flauta a horas intempestivas… Nada tan grave o ultra dimensionado como el recuerdo de las Malvinas, la mano de Dios o el alcoholismo institucionalizado.

Seguir leyendo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *