Las rachas de diluvio que se precipitaron este miércoles sobre Casablanca no frenaron ni un ápice el brío de sus moradores en la gran noche del fútbol marroquí. La megaurbe costera no contará con el pedigrí capitalino de Rabat, ni el pasado imperial de Fez o Marraquech, ni tampoco el aura cosmopolita de Tánger. Pero Casablanca encarna la energía joven y confiada del Marruecos moderno, la misma que ha llevado a su selección nacional hasta las semifinales del Mundial de Qatar. Miles de aficionados vibraban en directo ante las pantallas gigantes del entoldado situado a la vera del estadio Mohamed V o en puntos de reunión estratégicos como el macrocentro comercial Morocco Mall, a orillas del Atlántico.

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