Llega la hora de la verdad, apenas cinco días para que se resuelvan todos los enigmas de este Open de Australia, y se acabó cualquier especulación o trampantojo. Cartas sobre la mesa, máscaras fuera. Todo claro. Por ejemplo, la kazaja Elena Rybakina ha dejado muy claro que, como ya sucediera en Wimbledon, donde triunfó el curso pasado, es toda una candidata al título y que no será sencillo frenarla; tampoco hay duda de que a Victoria Azarenka sigue quedándole tenis de calidad a sus 33 años o de que Stefanos Tsitsipas se siente como pez en el agua en Melbourne; el ruso Karen Khachanov agradece el abandono de Sebastian Korda (muñeca) y también se postula, intentando romper la barrera de semifinales que nunca ha roto en un grande, y hoy vuelve a escena Novak Djokovic, amo y señor del torneo, nueve cetros y 21 grandes en el expediente. Quién sabe si 22 dentro de muy poco.
LA ROTURA ABDOMINAL DE 2021
Hace dos años, Djokovic conquistó el grande australiano en una circunstancia similar a la actual. Entonces, el serbio sufrió un desgarro abdominal durante el partido de la tercera ronda contra Taylor Fritz y arrastró la dolencia hasta el final del torneo.
“Si esto no fuera un Grand Slam, definitivamente no estaría jugando. Pero es un Grand Slam, y esto significa mucho para mí a estas alturas de mi carrera. Quiero hacer todo lo posible para seguir en la pista”, afirmó en 2021.
Una resonancia magnética reveló que la rotura abdominal de 1,7 centímetros había crecido hasta los 2,5 al final del torneo, que alzó tras vencer en la final a Daniil Medvedev en tres sets.
“Tengo la piel dura. Hay gente que duda de mí y claro que me duele”, señaló; “he aprendido que no se puede complacer a todos y recibiré críticas haga lo que haga. Soy humano y eso frustra, pero he sabido gestionar bien esa frustración”.

