Los partidos a favor de inventario, aquellos llamados de entreguerras para los favoritos, se resumen a menudo en un momento o en una jugada, o a veces se explican incluso a partir de ambas soluciones, como pasó en el Barça-Oviedo. Los azulgrana liquidaron en cinco minutos una pesarosa contienda que parecía no tener fin en el Camp Nou. Un bufido de Lamine sobre Carmo y un apretón de Raphinha a Costas provocaron dos errores individuales de los centrales y arruinaron la meritoria defensa colectiva del equipo de Almada. Únicamente Lamine no dio por acabada la contienda y regaló un gol que por sí solo valió por la entrada de un encuentro que empezó con sol, siguió con lluvia y acabó con el diluvio universal para desespero de los 44.763 aficionados del Camp Nou.

