El chaval está que se sale. Es el pan nuestro de cada día. Cuando pintan bastos, todos miran a Lamine Yamal porque saben que, si le llega el balón, las opciones de hacer daño suben como la espuma. Y el partido se le estaba torciendo al Barça después de una primera parte para olvidar. Así que tocaba Lamine. Eso debió pensar Pedri cuando recibió un balón en la medular y vio que su compañero avanzaba solo por su banda. Le puso un pase perfecto para que controlara, encarara a un rival y pusiera un chut perfecto en la escuadra de la portería de Unai Simón. Un gol que vale un partido.

