El Bayern-Auckland City escenificó los dos mundos que coexisten en el Mundial de Clubes. El 10-0 final, más que ratificar la candidatura bávara al título, evidenció las carencias del 13 veces campeón de la Champions de Oceanía, un equipo semiprofesional en el que muchos futbolistas han tenido que pedir un permiso especial en sus trabajos para poder disputar el torneo.

