Pello Bilbao se baja de la bicicleta con la misma discreción con la que tantas veces apareció en carrera: sin ruido, pero dejando huella. Su última jornada en Lombardía tuvo algo de despedida íntima y de carrera grande, de familia en el autobús y sufrimiento final sobre el sillín. Habla con MARCA desde la calma del que ha decidido a tiempo, sin cuentas pendientes con el ciclismo ni necesidad de que nadie le explique lo que ha sido.

