La Champions League ha terminado por reducir al Atlético a un equipo de andar por casa. Ya solo le quedan la Liga y la Copa para tratar de dignificar una temporada aciaga apenas a un par de semanas de que llegue el parón mundialista. Europa ha retratado a un equipo irregular, incapaz de firmar un partido redondo ni en casa ni a domicilio. Firmó su epitafio europeo en Oporto ante un equipo al que pareció bastarle con esperar la multitud de concesiones que le ofreció su desnortado rival. Toda una paradoja para un conjunto que ha labrado sus éxitos con Simeone como el gran maestro rapiñador de los errores del contrario. Su entierro continental ligó maliciosamente con el día de los difuntos y hasta con la oscura vestimenta de su entrenador. Cuando el paisaje se oscurece para el Atlético, lo hace en plenitud. Le hubiera bastado con el empate porque el Leverkusen y el Brujas empataron 0-0 en el BayArena.

