Tantos recuerdos se trajo el Barça de Estambul que mi madre les habría dado la charla sobre la maleta vacía de haber coincidido con los futbolistas en el avión: “Mejor llevarla y no usarla que necesitarla y no tenerla”. Son tres puntos más en esta liguilla endiablada donde todo se aprovecha, una nueva colección de elogios para sus estrellas y una lección que ha tardado algún tiempo en aprender, pero que por fin parece tener asimilada: diez minutos de locura en Europa te pueden llevar a la ruina. Lo recordó Pedri hacia el final de la primera parte, los brazos en alto para llamar la atención de sus compañeros y al balón a dos centímetros de la bota, el Holly Johnson de un equipo con tendencia a aceptar los desafíos como estilo de vida.

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