Todos sabemos de la dificultad que entraña ganar un partido de la Champions League. Vale, siempre hay alguno dentro de tu grupo que parecen tres puntos seguros, seis si le sumamos el partido que se debe jugar fuera, salvo que este sea el primero del grupo, con lo que esto siempre supone de novedad y que los inicios son casi siempre inciertos. Por tanto, las matemáticas no engañan, es mucho más complicado ganar dos partidos seguidos. Última deducción: la misión se vuelve casi imposible cuando tienes que ganar dos partidos… en la misma jornada, y en uno de ellos lo único que puedes hacer es rezar o apelar a los más viejos ancestros de la magia para que lleven a la victoria a aquellos que, de partida, parecían destinados a ser esa víctima que todos los grupos, menos el grupo D de esta temporada, llevan asociada.

