
En la Fórmula 1 más tecnológicamente avanzada de la historia, todos los experimentos que se puedan llevar a cabo en un entorno virtual son vitales porque salen mucho más baratos que las pruebas hechas sobre el terreno, esto es, la pista, infinitamente más caras. En un contexto en el que las restricciones económicas pueden condicionar más que el acierto de los ingenieros y diseñadores, las horas de simulador permiten hacerse una idea de cómo reaccionarán los monoplazas y pilotos frente a cualquier novedad. La mayor que se pueden encontrar es un circuito completamente nuevo, como el que este fin de semana ha devuelto el campeonato a Madrid 45 años después de la última vez. Hasta ayer, solo Carlos Sainz, embajador del Gran Premio de España; y Lewis Hamilton y Charles Leclerc, que participaron en una jornada de grabación, fueron los únicos que pudieron hacerse una idea aproximada de lo que iban a caracolear con el monoplaza por entre los pabellones de IFEMA, y trazar algunos tramos únicos, como la ya icónica Monumental, la curva más representativa de la instalación.

