A quince kilómetros de Font-Romeu, LaVuelta -pedaleando aún en plena ‘resaca Jons’- dejó de ser una carrera para convertirse en una escena de intemperie. Primero llovió. Después llegó el granizo y, en cuestión de minutos, la carretera cambió de naturaleza: blanca, resbaladiza, imposible para una bicicleta. La tercera etapa murió allí, lejos del arco de meta. Con Landa bajo el paraguas de un fan.

