El cartel de la 81ª edición del Teresa Herrera, el trofeo de verano decano en el fútbol español, era tan sugerente con la visita del Real Madrid al Deportivo que todo el primer tramo en Riazor resultó un chasco hasta que en el tiempo de descuento Brahim mostró uno de sus maravillosos trucos de filigranista. El extremo hispano-marroquí recibió en el centro del campo un balón largo que Lunin le había lanzado con la mano, lo domó como si tuviera el pecho acolchado bajo la presión de Soriano, lo impulsó con la rodilla y definió con el pie derecho ante Leo Román, el portero que viene de firmar un temporadón en el Mallorca y al que el club coruñés fichó este verano en su regreso a Primera tras pasar ocho años en las catacumbas por nada más y nada menos que nueve millones de euros. La acción de Brahim le dio el triunfo al Madrid para levantar por décima vez el gigantesco trofeo con la forma de la icónica Torre de Hércules de la ciudad de A Coruña e iluminó una primera mitad que hasta entonces había rozado lo soporífero por el ritmo de circulación que exhibió el equipo de José Mourinho, incapaz casi de hacerle cosquillas al grupo bien armado de Antonio Hidalgo, un bloque compacto que también sabe esconder la pelota cuando esta pasa por los pies de Soriano y Amatucci.

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