¿Quién no recuerda a <strong>Griezmann</strong>, en su camino hacia convertirse en el cuarto máximo goleador de la historia del <strong>Atlético </strong>y en la estrella absoluta del equipo, asegurando que estaba para sentarse en la mesa de <strong>Messi </strong>y <strong>Cristiano</strong>? Por aquel entonces tuvo que conformarse con acariciar el<strong> Balón de Oro</strong>, pero a día de hoy ha recuperado el nivel como para compartir mesa y mantel con cualquiera de los que reinan en Europa. Tres día después de su recital en el Nuevo San Mamés, regalaría el gol del triunfo a <strong>Morata </strong>(su remate también fue para la colección de los mejores de LaLiga) tras pelear un balón, robarlo y asistir en un mismo <em>frame</em>. Menos mal que cuando <strong>Jorge Mendes</strong> ofreció a Ronaldo en el Metropolitano y <strong>Antoine </strong>se convirtió en la llave para su fichaje acabó imperando el deseo de <strong>Simeone</strong>, contrario a la salida del francés bajo ningún concepto.

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