En Maranello han saltado todas las alarmas, pero esta vez por una causa llena de optimismo. Tras el convulso Gran Premio de Bélgica, Ferrari ha puesto de forma definitiva el Mundial de Constructores en su punto de mira. La Scuderia ha detectado la grieta perfecta en el muro de sus rivales y sabe que la oportunidad de volver a coronarse como la mejor escuadra del planeta está más viva que nunca. Con un monoplaza que ha demostrado ser una roca en términos de rendimiento y durabilidad, los del Cavallino Rampante no piensan dejar pasar este tren en la segunda mitad del campeonato.

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