Ha estado bien, pero sin llegar a la perfección”, dijo la soviética Larissa Latynina, la olímpica más laureada de la historia, el 18 de julio de 1976 minutos después de asistir al mayor terremoto que los Juegos Olímpicos han contemplado. Nadia Comaneci, una cría de 14 años, “un mimbre artículado”, como definió Carlos Piernavieja, el enviado especial de MARCA a Montreal, había roto los esquemas en las barras asimétricas.

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