Cuando llovían los elogios y las comparaciones sin cesar sobre Andrea Kimi Antonelli en su primer momento de apogeo en la Fórmula 1, había voces que, paralelamente, pedían calma y cabeza con el italiano. «No le comparéis con Senna, no me gusta eso», decía su jefe Toto Wolff justo después de vencer en Mónaco, encadenar cinco triunfos al hilo y dispararse al frente del Mundial con casi tres carreras de renta. Para muchos ya era el campeón y para otros se trataba de despejar la palabrería centrada en el chaval.

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