A España le espera la campeona del mundo, de América y del orgullo. Nadie se rebela como ella contra su propia muerte. Lo volvió a hacer en las semifinales, pero, a diferencia de los días pasados contra Cabo Verde, Egipto y Suiza, no para sobrevivir a su precariedad, sino con un arranque descomunal de fútbol y orgullo que se comió a una selección inglesa muy cicatera.

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