Durante décadas, el lactato tuvo mala fama. Era la palabra maldita del esfuerzo. El fantasma que aparecía cuando las piernas ardían, cuando el puerto se hacía eterno y cuando el cuerpo empezaba a gritar basta. En el lenguaje popular del ciclismo, lactato significaba sufrimiento. Fatiga. Castigo. Derrota. Pero el alto rendimiento vive de derribar dogmas. Y ahora, en pleno Tour de Francia, el lactato empieza a cambiar de bando.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *