<strong>A comienzos de 1940, el sonido de las Underwood, el humo de los Lucky</strong> y los Fedora de ala corta que identificaban a los periodistas formaban parte del ambiente de una redacción que acababa de aterrizar en la madrileña calle del Marqués de Cubas. Aún MARCA era el Semanario Gráfico de los Deportes, que Manuel Fernández Cuesta había alumbrado dos años antes en San Sebastián, en el último estertor de la guerra civil.

