Poner la lupa en el fútbol es un contradiós. Con esto pasa como con eso que se dice de las conversaciones, que si nos los gravaran todos quedaríamos fatal. Pero el VAR ha traído ese vicio insoportable, que por cierto no estaba en su concepción, que incluía esa recomendación de utilizarlo sólo en casos “claros y manifiestos”. No lo fue desde luego el del ‘pisotón-pisotín’ que encontraron los encargados de la sala brumosa, tirando de la moviola para atrás, en el origen del que pudo ser el primer 0-2 de Egipto, esa preciosidad de gol que se marchó al limbo. Tampoco lo fue el ‘agarrón-agarrín’ a Salah en el área de Argentina cuando iba por un balón suelto, pero esta vez los sexadores de pollos no estuvieron tan diligentes, y lo dejaron pasar. La ley de la lupa lleva aparejado un anexo, la ley del embudo.

