Pocos, o ningún elemento del fútbol, generan tanto estrés como la tanda de penaltis. Más si se trata de una Copa del Mundo. Lo provocan en los lanzadores, en los porteros, en jugadores y técnicos que los ven desde la banda y en los espectadores. Ni los árbitros escapan de las cantidades de adrenalina que supone resolver los partidos en lo que para unos es una lotería y para otros, fruto del trabajo.

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