En mi casa todos eran aficionados del FC Barcelona. Mis hermanos; mis primos, que vivían con nosotros, y por supuesto mi padre, que fundó la peña barcelonista de Novelda (Alicante). Todos menos yo, que me decidí por el Real Madrid. Recuerdo que, en unas fiestas de Navidad, mi padre, Víctor, les regaló a todos camisetas blaugranas de Antoni Torres y Gallego, futbolistas de los 60 y 70. A mí me trajo una de Pirri, entonces mi ídolo madridista. Yo era un niño, pero me quedé muy sorprendido porque no me lo esperaba. La pasión de mi padre era tal que mandó pintar un escudo del Barça en la puerta de nuestro negocio familiar: una carnicería en el mercado municipal de Novelda. Esto fue alrededor del año 1956, o puede que en 1957. Ahora tengo 58 años y las cosas han cambiado bastante.

