El clásico europeo más madrugador se decidió en el último segundo. Nunca en la Euroliga se habían encontrado Barcelona y Madrid tan pronto, en la segunda cita del calendario, pero pese al frío de la clasificación en el Palau se vivió un duelo muy caliente con un final de infarto. Mandó el conjunto de Jasikevicius durante casi toda la noche, tan cómodamente en algún tramo que hasta estiró su ventaja a los 18 puntos (61-43), pero el eterno arrebato blanco en el cuarto final condujo a lo impensable. Llull dispuso de un triple para que el Madrid ganara el encuentro en el último segundo y clavara un cuchillo en el corazón culé. Falló y el triunfo se quedó en la cancha azulgrana (primera derrota blanca del curso), pero con un susto que retrató la falta de consistencia del Barça para rematar al Madrid cuando lo tiene contra las cuerdas. Le sucedió en la semifinal de la pasada Final Four y solo un tiro desviado de Llull evitó otro patinazo. Con Laso o con Chus Mateo, el Madrid tiene grapada la resistencia. El Barça deberá examinar esos tembleques.

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