La falta de juego colectivo y de brillo individual del intimidante cuarteto de delanteros que Didier Deschamps alineó en el estreno de Francia ante Senegal (3-1) provocó una charla seria del seleccionador francés en el intermedio. La formación, con Ousmane Dembélé por detrás de Kylian Mbappé, Olise a la derecha y Doué a la izquierda, no carburaba para desesperación de Deschamps. La pobre y preocupante imagen ofrecida en esos primeros 45 minutos y el empate a cero obligaron al preparador galo a operar en la caseta. La orden fue intercambiar las posiciones de Olise y Dembélé. El resultado fue la aparición de una sociedad explosiva entre el atacante del Bayern y Mbappé que desmontó el rocoso sistema defensivo de Senegal.

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