Hans Heninngsen y Pelé, en una imagen cedida por la familia Henningsen.

14 de junio de 1970. Brasil y Perú se enfrentan en los cuartos de final del Mundial en México. El escenario es el Estadio de Jalisco, Guadalajara, y todo está listo para comenzar. Pero inicio del partido se demora y la cámara enfoca al centro del campo. Allí estaba Pelé, de rodillas y atándose los cordones de sus botas Puma. Parece un simple gesto, pero es una estrategia para que todo el mundo pendiente a sus pantallas dirigiera sus ojos a esas botas. Detrás de ese detalle, pura estrategia de marketing, había una persona tan importante como a su vez desconocida: Hans Henningsen.

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