Las bombas caen sobre la Ucrania del Shakhtar Donetsk, pero el fútbol no perdona. El circo rara vez se detiene. A cinco días de un clásico liguero que puede marcar tendencia y con el mundo mirando hacia los bombardeos al otro lado de la frontera polaca, el Real Madrid llega a Varsovia, la nueva casa del sufriente y nómada Shakhtar, con las luces largas encendidas (21.00, Movistar Liga de Campeones). Su clasificación a octavos de Champions se da por hecha, por el pleno de tres victorias y su obvia superioridad sobre el resto del grupo, pero lo que busca en este viaje es aligerar ya su calendario. Una victoria le metería definitivamente en la siguiente fase a falta de dos jornadas por disputarse y convertiría sus siguientes duelos, en Leipzig (25 de octubre) y frente al Celtic en casa (2 de noviembre), en citas secundarias. Incluso, si el equipo alemán no gana este martes en Glasgow, los blancos atarían de forma matemática con un triunfo el primer puesto. En medio de un calendario abrasivo antes del Mundial, con compromisos cada tres días, descontar dos de una tacada ante el conmovedor equipo ucranio resulta una oportunidad nada despreciable para los blancos.

