Tres horas después de que Rusia intensificara este lunes por la mañana su ataque militar, por el centro de Varsovia paseaba el joven Serhii, de 20 años y originario de Kalush, una población ucrania de 60.000 habitantes próxima a la frontera con Eslovaquia y Polonia. A su móvil le acababan de llegar las fotos de su madre y sus hermanos escondidos en un refugio antiaéreo de su pueblo. “Han bombardeado a 30 kilómetros”, advertía con voz tranquila este exiliado que ahora vive solo con su padre en la capital polaca. “Él ya llevaba en Varsovia cinco años y, cuando Rusia nos invadió, regresó a Kulush para traernos aquí. Pero hace poco mi madre se marchó de vuelta con mis hermanos porque dice que su trabajo está allí”, relataba junto al Castillo Real, una de las zonas más turísticas.

