Algunos compositores de finales artísticos no disfrutan del ajedrez competitivo porque la tensión, el dolor por las derrotas, el tiempo y la premura de preparar una partida por la mañana, jugarla por la tarde y analizarla por la noche pesan mucho más que los placeres producidos por la participación en torneos. La antítesis son los jugadores de nivel medio, alto o altísimo (como Jan Timman, varias veces glosado aquí) que además crean obras de arte en forma de estudios.

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