Si alguien es buen ejemplo para explicar qué es revivir, ese es Yeray. Tiene 31 años de edad, está a punto de ser padre primerizo y esta temporada ha cumplido 10 meses de sanción UEFA por un dopaje no intencionado. No hay malas caras ni lamentos por mucho que el asunto le pusiera en primera plana y abriese las puertas a todas las dudas del mundo. Es lo que tiene haber vuelto antes de un cáncer: importa lo que importa

