El estadio Georgi Asparuhov temblaba mucho antes del pitido final. Las gradas saltaban al mismo tiempo, las bufandas azules giraban sobre las cabezas y el ruido caía desde el fondo como una ola constante, vieja, acumulada durante demasiados años. Diecisiete. Exactamente diecisiete años llevaba el Levski Sofía sin tocar la liga búlgara. Y esta noche, en Sofía, todo sonó a liberación.

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