Ganó el Madrid y no hubo alirón del Barça. Eso nos libra de fatigosas discusiones sobre el pasillo o no pasillo en el Clásico. Este encanallamiento en torno a aquel viejo ritual es algo sobrevenido en estos tiempos tan feos que hemos transformado un homenaje en una humillación. Dos goles de Vinicius evaporaron la cuestión y dejaron al Espanyol más comprometido, después de 17 jornadas sin ganar. He aquí un raro caso de equipo que empezó LaLiga con carrera de caballo inglés y la está terminando con parada de burra manchega. Poco a poco perdió las plazas europeas, siguió deslizándose, atravesó la zona templada y cada semana ve más cerca los peligros del descenso. Tiene espíritu todavía, pero poco remate. Llegó bien por los lados con Rubén Sánchez y Romero, pero no supo concretar.

