Mañana del sábado, ni primera hora ni mediodía aún. Mientras los trenes descargan aficionados en Santa Justa, mientras los aviones aterrizan en San Pablo, mientras miles de personas hacen kilómetros en sus vehículos particulares, todas con el estadio de La Cartuja como destino final, todas con la Copa del Rey como deseo, una familia del Atlético y otra de la Real Sociedad, en mesas contiguas, comparten bufé en uno de los numerosos hoteles tomados ya por las hinchadas. Esa armonía marcará por lo general una jornada en la que Sevilla, definitivamente, se convierte en la capital del fútbol.

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