Vincent Kompany, vestido con ropa urbana muy ancha, saludó uno a uno a todo el cuerpo técnico del Madrid que se encontraba en el banquillo. No es habitual tanta cortesía en un entrenador en ese momento tan protocolario. La norma suele reducirse a un breve encuentro con su colega, media vuelta y a otra cosa. El belga, que recibió también tras el descanso el abrazo de Vinicius después de su alegato contra el racismo por el incidente con Prestianni, es un tipo educado que, además, ha montado un equipo que no deja de percutir y que castiga el error como pocos. Que se lo digan al Madrid

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