Leo Messi calló. O, mejor dicho, se mordió la lengua. Y no porque le faltaran motivos para hablar. Los tenía, y muchos. Para contar su verdad sobre su salida del club, después de ver cómo Joan Laporta dejaba caer que la responsabilidad había sido del propio Leo. O para responder a Xavi, este sí que habló, cuando utilizó su nombre para sacudir al presidente en favor de Víctor Font. No, a Messi no le gustó nada.

