Los dos puntos de Carlos Sainz no fueron casualidad, sino todo lo contario. Paró en la vuelta 8 para dejar los medios de inicio y una vuelta después aparecía un coche de seguridad para beneficiar a sus rivales, que pudieron cambiar gomas con un ahorro de la mitad del tiempo para ese proceso. Lejos de dejarse caer, Carlos aplicó una gestión de maestro para sus duros de nada menos que 40 vueltas y a pesar de un sobrepeso de su Williams, que se dice entre 25 y 30 kilos, pudo ser noveno y mantener a Colapinto por detrás. Su coche no lo vale, pero Carlos hizo un pequeño milagro, como suelen los verdaderamente buenos de la parrilla.

