Traje cruzado de cuatro botones metálicos, pañuelo en el bolsillo de la chaqueta, zapatos impolutos… y un monopotín. <strong>Circula aún el video de finales de los 70 en el que, durante una visita a la organización comunitaria Inter-Action, situada en Kentish Town, al noroeste de Londres, el entonces príncipe Carlos se atreve con el skate ante la algarabía general</strong>. Todo ha empezado con una pregunta a un niño, «¿me prestas la tabla?», pero lo que desconocen los presentes es que a su alteza le regalaron por Navidad una con la que suele practicar en Windsor. Por eso rompe con el protocolo para deslizarse. Porque está entrenado.

