Vinicius llegó al punto de penalti del Santiago Bernabéu con otra historia que contar. Dos veces en la misma noche, dos veces el mismo ritual: ese pequeño saltito en la carrera, los pies despegando del suelo un instante y los ojos fijos en Remiro hasta el último momento. Dos esquinas, dos goles y una deuda saldada. 

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