“¿Cuánto vale la dignidad de una mujer deportista?”, se preguntaba Marta Frías, árbitra desde hace 21 años, cuando la semana pasada anunció junto a sus compañeras que el colectivo arbitral no se movería hasta que se mejorasen sus condiciones laborales. La Liga femenina ha experimentado esta temporada el salto al profesionalismo, pero se dejó de lado a las colegiadas, a las que se les trató de imponer las mismas condiciones que cuando la competición no era profesional. Tras mucha tensión, reuniones en la sede del Consejo Superior de Deportes, y acusaciones cruzadas entre la Liga F y la Federación Española de Fútbol, esta semana se alcanzó un acuerdo para que las colegiadas tengan a partir de este año un contrato con el que coticen a la Seguridad Social y un salario que les permita llevar una vida digna. “Aún no me lo creo. Hemos conseguido que se nos reconozca el esfuerzo después de tantos años”, admite este viernes Frías, antes de que la competición arranque este fin de semana.

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