La figura del árbitro, muchas veces en el centro de la polémica deportiva, rara vez es vista desde el prisma humano. Sin embargo, el excolegiado sueco Jonas Eriksson, quien impartió justicia en los escenarios más importantes del fútbol mundial entre 2002 y 2018, ha levantado el telón de lo que ocurría puertas adentro en la élite del arbitraje europeo. Y lo que describe no es precisamente un ejemplo de profesionalismo, sino un ambiente de control físico, miedo y humillación.

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