Sencillamente, un golpe de genio. Hoyo 8 de Bethpage Black, un par tres de 192 metros con agua antes del green. Jornada de foursomes, golpes alternos entre dos jugadores, en la segunda jornada de la Ryder Cup de Nueva York. Jon Rahm y Tyrrell Hatton empatan el duelo frente a los estadounidenses Xander Schauffele y Patrick Cantlay después de ceder una ventaja de dos hoyos. Es un momento crítico porque la balanza parece decantarse del lado norteamericano, más todavía cuando el golpe de salida del inglés termina en el rough de la izquierda. Rahm encara un golpe muy delicado: los pies en el búnker, la bola elevada, casi a la altura de las rodillas. Se trata de ponerla en juego y dejar a su compañero un putt lo más corto posible. Y entonces… “¡Por Seve!”, grita un aficionado. El resorte emocional, la memoria histórica, y Rahm que revive al maestro y con un giro de muñeca manda la bola suavemente dentro del hoyo. Una obra de arte.

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