Inglaterra ha llevado al fin a las vitrinas su apuesta por profesionalizar el rugby femenino. La primera selección en firmar contratos profesionales hace ya casi una década ha evolucionado a la fuerza el panorama global y, de paso, ha ganado su Mundial tras completar en la final de este sábado ante Canadá un torneo con pleno de victorias en la catedral londinense de Twickenham, que batió el récord de espectadores en un partido de mujeres con 82.000 butacas llenas. Las Red Roses, que llegaban a la cita decisiva tras haber perdido en ocho años uno de sus últimos 63 partidos –la final del anterior Mundial, ante Nueva Zelanda– levantan su segundo título tumbando (33-13) a la misma víctima a la que derrotaron en 2014.

