Un cóctel de tenis, presión y juventud. Un síntoma: Emma Raducanu. Y una pregunta en el aire, porque desde que la británica hiciera historia el curso pasado en Nueva York al convertirse en la primera jugadora que conquistaba el torneo procedente de la fase previa, sin perder un solo set, con solo 18 años y habiendo jugado hasta entonces un solo partido en la élite, el circuito y el aficionado se preguntan: ¿Qué demonios está pasando con ella y ese buen puñado de la nueva generación de tenistas que impactan y desaparecen como estrellas fugaces?

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