Tom Pidcock, gran ausente del mundial de mountain bike celebrado este domingo en Crans Montana (Suiza) hubiese definido perfectamente lo que supone correr una prueba en la élite de la especialidad: “Cada carrera supone sufrir, dolor, mucho dolor, todas son iguales, siempre. Da igual el trazado”. Mathieu Van der Poel podría asentir: en el que debería haber sido su primer título mundial de XCO, el que le falta para colocarlo en su salón, enmarcado junto a los de carretera, ciclocross y gravel, el neerlandés solo encontró dolor. Y una gran frustración: adora la bici de montaña, disfruta como un niño con su combinación de velocidad y técnica, con su ambiente y con el marco natural en el que se desarrolla. Vestir el maillot de campeón del mundo era su objetivo declarado del curso, por encima de cualquier otro vinculado a la ruta.

