Entre las muchas enfermedades que ha sufrido la selección en el Eurobasket y que le han acabado costando la vida, ninguna tan llamativa como la de su falta de puntería en los tiros libres. El lanzador, el balón y el aro. Nada ni nadie entre medias. Cuestión de práctica, de mecánica… y de cabeza. Porque el lanzamiento más sencillo es también el más psicológico. La mano se encoje en las situaciones delicadas y España tuvo unas cuantas.

