A Hansi Flick, entrenador del FC Barcelona, lo avalan los resultados, los que cosechó en el campo, también los que consiguió en el grupo, respetado tanto en los despachos como en el vestuario. Un éxito que le permite al alemán ser fiel a su estilo: mensajes claros. No tuvo problema en mostrarse disgustado con la gestión de las inscripciones —la junta aprobó un aval de siete millones para solucionar la situación de Rashford y Joan García por el cabreo del técnico—, tampoco en enfrentarse a los jugadores en el vestuario del Estadio de Vallecas tras el empate ante el Rayo.

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