Iker, en el centro, rema por el río Duero acompañado de su entrenador.

Rarararara, suena el bastón blanco de punta redonda al rascar el relieve de las baldosas rojas del club de Piragüismo de Zamora. El palo guía a Iker Gallego, de 18 años y ciego desde los tres, hacia el vestuario. El chaval viste ropa térmica y chaleco salvavidas, mantiene la vara en la mano derecha y con la zurda toma el remo, también blanco, hacia el cercano río Duero. El piragüista ya conoce el camino, pero se agarra o a sus padres o a su entrenador, Enrique Linares, por si rumbo al agua aparecen una raíz o bordillo traicioneros. En la dársena de madera aguardan las canoas y, una vez dentro, empiezan las órdenes del técnico. “¡Vete arrancando, Gallego!”, “¡Hoy hay corriente, o me haces caso o te vas a Portugal!”, “¡Voy en paralelo!”, brama, y el medallista en varias competiciones cumple órdenes para seguir progresando en ese deporte que le ha dado luz física, mental y social.

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Iker, en uno de los pantalanes sobre el río Duero.Iker sube a la piragua ayudado por su entrenador.Iker y su padre bajan por un pantalán hacia el Duero.Iker Gallego entrena en el gimnasio de la Ciudad Deportiva de Zamora.

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