A media tarde cambió radicalmente el panorama de la selección. El inesperado triunfo de Bosnia y Herzegovina sobre Grecia hacía que España pasara de una virtual clasificación para octavos a que aparecieran los fantasmas de la eliminación. Había que ganar uno de los dos partidos o esperar un favor de Georgia el último día. De un cielo despejado rumbo a Riga, a unos nubarrones que pueden desviar el vuelo a territorio nacional después de una hecatombe.

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