Las uñas de los hinchas peligran en Mestalla. Sin tabaco, sin alcohol y, ahora, sin pipas, qué le queda al aficionado que se pone histérico. El fútbol y las pipas han caminado juntos durante décadas. Siempre se ha asociado el consumo de estas semillas a los partidos. Muchos seguidores se compraban un paquete que les ayudaba a controlar los nervios o la ansiedad cuando amenazaba el descenso o el delantero tenía el día torcido. Pero esta costumbre tan arraigada en los campos se ha acabado de golpe en Mestalla después de que el Valencia haya prohibido su consumo esta misma semana. Las pipas, al menos en el estadio del Valencia, se caen del entorno del fútbol como antes lo hicieron el alcohol y el tabaco. Ya son tres las prohibiciones que se han establecido en el campo más antiguo de Primera División.

